Poemas a Lara (Doctor Zhivago), Lara siempre Lara...
Siete poemas sacados de la obra DOCTOR ZHIVAGO, de BORIS PASTERNAK traducidos al castellano.
Nadie ama la poesía como un ruso, dice Yuri, cuya vida se narra a lo largo de toda la película Doctor Zhivago, dirigida magistralmente por David Lean.
"A lo largo de los inviernos
Recuerdo los días lejanos de sol
cada uno irrepetible...
Y los amantes como en un sueño
se palpan uno al otro, presurosos…
Y el abrazo no termina."
Boris Pasternak
Poemas, escritos por Yuri a lo largo de la novela. Poemas a Lara (Julie Christie), una Lara, bellísima, casi etérea, un sueño hecho realidad. Poemas dedicados a un amor sublime pero imposible...
Pasemos, pues, sin más dilación a los poemas de Lara:
Noche
Sin descanso la noche
Avanza y se difunde
Sobre el mundo que duerme,
Mientras un aviador asciende entre las nubes;
Se adentra en el oleaje
Fluctuante de la niebla,
Se vuelve una inicial sobre una sábana,
Una pequeña cruz bordada en tela.
Allá abajo los bares
Nocturnos, los cuarteles,
Ciudades extranjeras y estaciones,
Maquinistas y trenes.
Una sombra de ala se recorta
En toda su extensión contra una nube.
Los astros por lo negro, silenciosos,
Vagan en muchedumbre.
Y quién sabe hacia cuáles
Desconocidos universos,
Con terrible, terrible inclinación,
La Vía Láctea extiende su sendero.
En espacios sin fin los continentes
Incesantes llamean.
En las calderas, en los sótanos,
Los fogoneros velan.
En París, bajo el filo de los techos
Venus o Marte
Se asoman para ver qué nueva farsa
Proclama el manifiesto.
Y allá, en un resplandor de lejanías,
Hay quien no puede conciliar el sueño
En la antigua buhardilla
Recubierta de tejas.
Él contempla el planeta
Como si el firmamento
Fuese el único objeto
Del afán de sus noches.
No te adormezcas, no duermas, trabaja,
No hagas un alto en tu tarea,
No duermas, lucha contra el sueño,
Lo mismo que el piloto, o que la estrella.
No duermas, artista, no duermas,
No te entregues al sueño.
Que de lo eterno tú eres el rehén
En la prisión del tiempo.
Alma
Alma mía, que sufres
Por los que te rodean,
Te has convertido en el sepulcro
De todos los que penan en la tierra.
Sus cuerpos embalsamas,
Les consagras tus versos,
La lira, sollozante,
Alza por ellos un lamento.
En nuestra época egoísta
Defiendes el temor y la conciencia
Como una urna funeraria
Donde reposen sus cenizas.
Los tormentos de todos
Te han puesto de rodillas.
Hueles a polvo de cadáver,
A fosas y a obituarios.
Alma mía, escudilla,
De todo, todo aquello que aquí has visto,
Has ido haciendo una mixtura
Triturando, lo mismo que un molino.
Y muele todavía
Cuanto me ha sucedido,
Casi cuarenta años de esta vida,
En humus de las tumbas.
Cuando aclara
El gran lago parece una bandeja.
Detrás, las nubes en espesa masa
Como un blanco macizo
De severos glaciares de montaña.
Según cambia la luz
El follaje varía sus colores.
Arde en llamas ahora, y luego en sombras
Negras como el hollín se cubre el bosque.
Cuando termina el tiempo de las lluvias
y entre las nubes el azul asoma,
¡cuánto cielo que exulta en sus retazos,
cuánta celebración entre las hojas!
Calla el viento, se aleja el horizonte.
Fluye el sol a lo largo de los cauces.
Trasluce el verde de las frondas
Como la irisación de los vitrales.
Hacia la eternidad miran así
A través del cristal de las iglesias
En coronas de insomnio refulgentes,
Santos, zares, ascetas.
Es como si la tierra entera fuera
Un interior de catedral, y como
Si me llegara, a veces, desde alguna ventana,
El resonar lejano de los coros.
Tu liturgia sin fin, naturaleza,
Oh mundo, universal enigma,
Hondamente, con íntimo temblor
Escucharé, con lágrimas de dicha
Transformación
Era amigo en un tiempo de los pobres,
No por nobleza alguna de ánimo,
Si no porque la vida solo entre ellos
Transcurría sin falsedad, sin fastos.
Frecuentaba las casas de los nobles
Y los ambientes refinados;
No obstante, aborrecía a los parásitos
Y amaba la miseria más odiosa.
Y me esforzaba por hacerme amigo
De los que trabajaban como obreros,
De modo que me hacían un honor
Al acogerme entre los harapientos.
Tangible, sin palabras, sustancial,
Firme y robusta era la vida
En la desolación de aquellos sótanos
Y en aquellos altillos sin cortinas.
Y también yo me corrompí
Al tocarme la ruina de la época;
Se hicieron optimistas, bien pensantes,
Y el dolor transformaron en vergüenza.
Para todos aquellos en los cuales confiaba
Desde hace tiempo soy un sospechoso,
Y al hombre lo he perdido desde cuando
Fue perdido por todos.
Eva
Los árboles se inclinan sobre el río,
Y el mediodía en los acantilados
De la costa arrojó hacia los remansos
Como una red de pescador, las nubes.
Como una inmensa red, el cielo se hunde,
Y en este cielo, como en una trama,
Nada la multitud de los bañistas:
Hombres, mujeres, niños.
Cinco o seis salen por el cañaveral
Hacia la orilla, silenciosamente,
Y retuercen sus mallas
Encima de la arena.
Y son los nudos de la tela como
Culebras que se anillan y revuelven,
Como si la serpiente tentadora
Se agazapará entre las hebras húmedas.
Oh mujer, en tus gestos y en tus ojos
No hay engaño posible para mí.
Eres como una mano en la garganta
Cuando la ahoga la emoción.
Fuiste formada como en un bosquejo,
Como un trazo insinuado de otro ciclo,
Como si de verdad, mientras dormía,
Te hubieras levantado de mi tórax
Y al instante ya huyeras de mis manos
Y eludirás mi abrazo, mujer, toda
Tu asombro y miedo, angustia
Del corazón del hombre.
Cae la nieve
Cae y cae la nieve.
Hacia las estrellitas blancas
Que la tormenta lleva aquí y allá, se extienden
Las flores del geranio en la ventana.
Cae la nieve y todo se extravía,
Todo levanta vuelo,
La curva de la esquina,
Una escalera de peldaños negros.
Cae y cae la nieve. No parecen
Copos, si no que sobre los remiendos
De una capa a la tierra descendiese
Lentamente la cúpula del cielo.
Como si con los gestos de algún extravagante,
Desde el piso de arriba,
Sigiloso, jugando a la escondida,
Bajará el cielo desde la buhardilla.
Porque la vida no espera. Un instante,
Y ya es la víspera de Nochebuena.
Luego, un breve paréntesis, y observa:
El año nuevo que de pronto llega.
Cae la nieve, densa, densa,
¿Y con su andar, sobre sus huellas,
al mismo ritmo, con esa indolencia
O con la misma prisa con que nieva
Es el tiempo que vuela?
¿Tal vez un año a otro año sobreviene?
¿Cómo cae la nieve
o como las palabras de un poema?
Cae y cae la nieve,
Cae la nieve y todo se extravía,
El peatón que encanece,
Las plantas sorprendidas,
La curva de una esquina.
Noche de invierno
Toda la tierra azota la tormenta,
Desde un confín al otro, la tormenta.
Sobre la mesa, ardía una vela,
Ardía una vela.
Así como revelan en verano
Los mosquitos en torno de la lámpara,
Se agolpaban los copos de la nieve
Contra el panel de la ventana.
La borrasca trazaba sobre el vidrio
Flechas y círculos.
Sobre la mesa, ardía una vela,
Ardía una vela.
La lumbre proyectaba
Las sombras sobre el cielo raso.
Con los brazos cruzados, con las piernas cruzadas,
Los destinos cruzados.
Y dos zapatos con un sordo ruido
Al caer sobre el piso resonaban,
Y la cera goteaba en el vestido
Rodando como lágrimas.
Y todo en una niebla
Cana de nieve se perdía.
Sobre la mesa, ardía una vela,
Ardía una vela.
Desde un rincón un hálito sopló
Sobre la llama, y como un ángel
Alzó la fiebre de la tentación
Dos alas, con la forma de una cruz.
Duró todo febrero la tormenta,
Y sin cesar, día tras día,
Sobre la mesa, ardía una vela,
Ardía una vela.
Lara siempre Lara...





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